
Lowry convirtió al fracaso en su religión y eso le hizo inmortal, a guisa de malhadado personaje de Onetti. Podría haber compartido, sin duda, mesa y alcohol en el prostíbulo imaginario del uruguayo, mano a mano con Larsen, en Santa María o en Quauhnáhuac, da lo mismo, tratando de escapar de su propio infierno interior y del purgatorio mediocre de la vida real. "Bajo el volcán" es "un caso superior de la novela, pero su autor concebía la escritura como un inacabable poema narrativo", escribió el mexicano Juan Villoro, para quien esa obra única es "un libro absoluto, vivido y planeado hasta el último detalle". Su protagonista, el cónsul Geoffrey Firmin, es el propio Lowry, anegado en mezcal y tequila, perdida la consciencia y ganado el respeto del olvido; manchado por la miseria y sabedor del secreto último de la derrota y caída del hombre.
